lunes, 4 de mayo de 2015

Baltimore y The Wire

Muy buenas,
Los recientes disturbios en Baltimore ponen de manifiesto lo que ya nos contaron en la serie The Wire.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/03/actualidad/1430688191_107948.html
Baltimore retrata décadas de desigualdad en Estados Unidos
-El contraste entre los barrios blancos y los negros refleja la brecha en el país
-Baltimore celebra las imputaciones de los policías
Marc Bassets Baltimore 4 MAY 2015 - 03:09 CEST

Los helicópteros sobrevolaban la ciudad. La Guardia Nacional había desplegado sus soldados tras los disturbios del lunes pasado. Centenares de periodistas registraban en las calles las patologías de Estados Unidos: violencia, marginación, racismo.

A dos kilómetros, en los barrios blancos de Baltimore, todo aquello parecía lejano.

“Están a un universo de distancia”, explicaba Paul Taylor, vecino de Bolton Hill, un barrio de calles arboladas, mansiones de ladrillo y cafés hipsters. “Tan lejos como la Luna”, insistió.

El paseo por este Baltimore en estado de excepción —hasta este domingo, cuando la Guardia Nacional empezó a retirarse, rigió un toque de queda a partir de las 22.00 horas— comienza en Bolton Hill. Taylor, de 53 años, hace tertulia en las escalinatas de una casa junto a Reuben Lee, su vecino. Ambos son blancos. Lee tiene 80 años y ha vivido todos los cambios de Baltimore del último medio siglo: de una ciudad de guetos étnicos —los irlandeses, los italianos, los judíos, los polacos, los negros— a uno de mayoría negra después de que los blancos huyeran a las afueras en los sesenta y setenta.

Hoy existen dos Baltimore que se dan la espalda.

“No es algo que solamos ver o sentir, ni que nos preocupe”, responde Taylor a la pregunta sobre si los blancos se adentran en los barrios de West Baltimore, donde el 12 de abril Freddie Gray, negro de 25 años, fue detenido. Una semana después, murió. La fiscal de Baltimore, Marilyn Mosby, ha acusado a seis policías de homicidio.

La disparidad entre el Baltimore negro y el blanco es, como dice el vecino de Bolton Hill, cósmica. En la galaxia blanca está la Universidad John Hopkins, centro de enseñanza e investigación puntero. “Sólo seis millas separan los barrios de Roland Park y Hollins Market”, dijo hace unos años Jonathan Bagger, vicerrector de la John Hopkins, hablando de los 10 kilómetros entre un barrio rico y otro pobre. “Pero la diferencia entre la esperanza media de vida es de veinte años”. En Sandtown-Winchester, el barrio de Freddie Gray, la esperanza de vida es de 69,7 años, al nivel de Irak. Desde enero se han cometido 74 homicidios en el conjunto de Baltimore, una ciudad de 620.000 habitantes. En todo 2014 hubo 17 homicidios en Madrid, una ciudad de más de tres millones de habitantes. En EE UU los negros representan 13% de la población y el 30% de las víctimas de los disparos de la policía.

Con matices, las estadísticas citadas no son exclusivas de Baltimore: sólo hay que desplazarse a un par de kilómetros de la Casa Blanca para descubrir en los barrios de Washington problemas similares.

Pero Baltimore, donde los principales cargos políticos, judiciales y policiales los ocupan los negros, obliga a los matices a la hora de buscar explicaciones únicamente racistas.

Algunos barrios, con casas abandonadas y solares, parecen un paisaje azotado por una catástrofe natural. Todo esto no ha empezado ahora, sino mucho antes, con la desindustrialización, la epidemia del crack, la delincuencia local y la represión policial y, en la década pasada, los abusos de las hipotecas basura, que golpearon a las minorías.

Todos los negros entrevistados en Baltimore conocen a alguien que sufrió el vendaval. En una librería en las afueras, Natashia Heggins recuerda a su madre, profesora de instituto, acompañando a alumnas al médico: estaban embarazadas.

“Se veía venir, se veía venir”, repite, al hablar de los disturbios, Keyon Johnson, vecino de Oliver, un barrio negro y deprimido. Johnson, de 32 años, explica que muchos amigos de infancia han muerto. A él le salvó el baloncesto. Ahora promueve actividades deportivas para los chavales del barrio.

En un bufete del centro, el abogado negro Derrick Hamlin —traje a rayas, pañuelo y pajarita: un dandi de arrabal— evoca su juventud. “Si veías a la policía, te ibas corriendo”, dice. Le arrestaron dos veces siendo menor y otra ya de mayor.

“Mi padre pasó en prisión parte de mis primeros años. Como mínimo, estuvo encarcelado 15 veces en un periodo de 20 años por robar un banco, por atracos o por drogas”, dice. Fue su madre quien lo crió, quien lo salvó. Llegó a la universidad: en su despacho cuelgan diplomas de Química y Derecho. La ausencia de los padres es un rasgo común en la América negra.

Hamlin ha asumido la defensa de algunos jóvenes detenidos en los disturbios. “No apruebo el vandalismo ni la destrucción, pero entiendo la ira”, ha escrito.El paseo por Baltimore termina en un restaurante tailandés de un barrio aburguesado. Los clientes son blancos. Las pantallas de televisión están sintonizadas con la CNN, que informa desde el lugar de las protestas. Parece un país remoto, pero está a menos de diez minutos en coche. Antes de las nueve de la noche, con los platos sin acabar, la camarera trae la cuenta. “Por el toque de queda”, justifica.

Baltimore no es Irak, ni la Luna: está a 70 kilómetros de la Casa Blanca.

"Un ejército de ocupación"

M. B.
Orlando Patterson, sociólogo de Harvard nacido en Jamaica, sostiene que en muchos barrios negros la policía se percibe como una fuerza ajena. Los agentes, dice en una entrevista, “no viven en el área, ven a la comunidad como un enemigo y no creen que su papel sea protegerla sino reprimir y encerrar, comportarse como un ejército de ocupación”.
Un motivo, según Patterson, es la desconexión con los barrios pobres y el entrenamiento deficiente. Otro, el racismo arraigado en sectores minoritarios. “La población blanca, en particular los jóvenes, son el grupo de blancos menos racistas en cualquier país de mayoría blanca”, dice. “Pero el crecimiento de la clase media negra y el liberalismo de la mayoría de blancos ha alineado a un núcleo duro”.
Tres agentes acusados de la muerte de Freddie Gray en Baltimore son negros. En esta ciudad la mitad de policía son negros. “A veces son igual de agresivos, para no romper rangos”, dice.
Actualización a 05/05/2015: Les suena? Efectivamente!
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Wire



The Wire is an American crime drama television series set and produced in and around Baltimore, Maryland. Created and primarily written by author and former police reporter David Simon, the series was broadcast by the premium cable network HBO in the United States. The Wire premiered on June 2, 2002, and ended on March 9, 2008, comprising 60 episodes over five seasons.

Each season of The Wire introduces a different institution in the city of Baltimore and its relationship to law enforcement. In chronological order they are: the illegal drug trade, the seaport system, the city government and bureaucracy, the school system, and the print news media, while continuing on characters/plots from previous seasons. The large cast consists mainly of character actors who are little known for their other roles, as well as numerous guest and recurring appearances by real-life Baltimore and Maryland figures. Simon has said that despite its presentation as a crime drama, the show is "really about the American city, and about how we live together. It's about how institutions have an effect on individuals. Whether one is a cop, a longshoreman, a drug dealer, a politician, a judge or a lawyer, all are ultimately compromised and must contend with whatever institution to which they are committed."

Despite receiving only average ratings and never winning major television awards, The Wire has been described by many critics as one of the greatest TV dramas of all time. The show is recognized for its realistic portrayal of urban life, its literary thematics, and its uncommonly deep exploration of social and political themes.



Ja, ja, ja!!! Los putos portuarios!
http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com.es/2014/04/currando-en-la-estiba-del-puerto-de.html









Como la vida misma!

P.D: La banda sonora es BRUTAL!
http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com.es/2014/01/now-playing.html
http://en.wikipedia.org/wiki/And_All_the_Pieces_Matter

Actualización a 04/09/2015: Ahora mismo estamos viendo Treme, del mismo director y sobre la recuperación de Nueva Orleans después del Katrina:
https://en.wikipedia.org/wiki/Treme_%28TV_series%29
Casualmente, se han cumplido 10 años del Katrina recientemente y Obama estuvo de visita:
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/26/actualidad/1440607212_419934.html
Nueva Orleans, la ciudad de los ausentes
-Barack Obama se desplaza este jueves a la ciudad para conmemorar el décimo aniversario del huracán Katrina con una visita al barrio más castigado
-GRÁFICO Los efectos del huracán Katrina.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/26/actualidad/1440607212_419934.html#mapa
Marc Bassets Nueva Orleans 28 AGO 2015 - 02:13 CEST

Los plátanos y los tomates han llegado al distrito 9 de Nueva Orleans. Burnell Cotlon, veterano de las fuerzas armadas y nativo del barrio, abrió hace tres meses un colmado en la avenida Caffin esquina calle Galvez, el primero en este barrio, el más golpeado por el paso del huracán Katrina por Nueva Orleans, hace diez años.

Hasta ahora, quien quisiera comprar fruta o verdura, debía desplazarse varios kilómetros, hasta un hipermercado Wal Mart o al centro de la ciudad. Ahora puede comprarla en el colmado de Burnell Cotlon.

“Si no tienes coche, necesitas subirte a tres autobuses”, dice. “Cuando llegas a casa, la leche está mala”.

El distrito 9 —Lower 9th Ward, en inglés— es lo que en Estados Unidos se conoce como un desierto de comida, un barrio sin supermercados. La salud se resiente. En EE UU, la ausencia de comida fresca es uno de los indicadores más fiables de pobreza.

La inauguración de la minúscula tienda es un brote de esperanza en el barrio, encajonado entre el río Mississippi, las marismas (el bayou en la jerga local) y un canal. Los diques cedieron y el agua arrasó con las casas. En Nueva Orleans murió un millar de personas, y en ningún barrio murieron tantas como en este.

El 80 % de la ciudad quedó inundado. Las imágenes más dolorosas, las que revelaron al resto del mundo el abandono de los barrios negros en este país, procedían de aquí. Cotlon, de 45 años, señala a un descampado enfrente de su colmado: “Antes del Katrina aquí había un cine”.

“Y todo esto”, continúa mientras señala a la izquierda, “eran casas. Y hoy no es más que mala hierba”.

Este jueves el presidente Barack Obama vuela a Nueva Orleans para conmemorar el décimo aniversario del Katrina. Por cada casa construida hay cuatro o cinco espacios vacíos. En algunos momentos parece más una zona rural que una de las grandes ciudades de EE UU. La mayoría de Nueva Orleans ha prosperado tras el huracán. En el distrito 9, la cicatriz sigue abierta.

La calle Galvez desemboca en un muro de cemento. Un centenar de personas se congrega en una reunión vecinal para descubrir una placa que recuerda que aquí, a las 7,45 de la mañana de 29 de agosto de 2005, el muro se rompió. La ruptura de este y otros diques de Nueva Orleans por las deficiencias en la construcción —y no el huracán Katrina en sí— provocaron la catástrofe. La frase se repite en las conversaciones: “No fue una catástrofe natural, sino humana”.

El distrito 9 ha recuperado, desde el huracán, el 37 % de la población anterior; el 98 % de los habitantes es negro. Es difícil ver un blanco en el barrio, pero en la reunión frente al muro hay negros y blancos. Un poeta local, Chuck Perkins, recita unos versos. Recuerdan cómo, tras el Katrina, muchos condenaban la ciudad a un declive imparable. “Le gritamos al enterrador / espera ante de echar la tierra / porque todavía no estamos muertos”, recita Perkins.

Después, Al Carnival Time Johnson, una figura de la música local y residente del barrio hasta el Katrina, se sienta a un piano con una corona de rey en la cabeza y canta su Lower 9th Ward Blues. “Ahora ya no sé adónde ir, / porque mi casa ya no está allí”, canta.

Cada persona aquí conserva su recuerdo de aquellos días. Su propio blues.

Doris Hicks es la directora de la Martin Luther King School del distrito. Una madre coraje que galvanizó a padres y vecinos para reconstruir la escuela tras el huracán. “Perdimos 30 estudiantes y familiares cercanos”, dice. Ha pasado una década y el Katrina ya es material para los libros de historia y las placas conmemorativas.

Para los estudiantes no es pasado. Porque puede repetirse. Y porque el paisaje que les rodea se lo recuerda. El paisaje físico: las casas que faltan. Y emocional: los familiares fallecidos y los que se marcharon de Nueva Orleans para no volver. “Hay que ir con cuidado: les trae malos recuerdos”, dice Keith Theyard, profesor de geografía e historia. “Algunos de estos chavales estuvieron atrapados en los tejados de sus casas, en la autopista elevada, en el Superdome”, el estadio cubierto de Nueva Orleans donde miles de personas se refugiaron en condiciones insalubres.

Los alumnos de la clase de Joyce Chapital, profesora de lengua y literatura, salen a la pizarra para leer sus redacciones sobre el Katrina. Tienen 15 o 16 años. Más de media vida con el huracán a cuestas. En el aula prefabricada donde se desarrolla la clase, Miss Chapital pide voluntarios.

“Yo realmente no tuve mucho miedo o me preocupé por el huracán Katrina porque era joven e inconsciente de lo que estaba ocurriendo”, lee Jayla Brown.

“Supongo que en aquel momento no pensé demasiado en el impacto del huracán”, lee Destyni Green, “Recuerdo que nos subimos al coche con mi papá, la abuela, mi madrastra y mi hermano. Salíamos rápido de Nueva Orleans. En mi opinión, el viaje fue breve. Nos evacuaron a Destin, Florida, donde pronto empecé una nueva vida. Cuando llegamos a Destin vivimos en el Hotel Wingate. Mi familia y yo vivimos allí durante un tiempo. En el hotel supe por las noticias que Nueva Orleans estaba inundada. Recuerdo vívidamente la escuela Martin Luther King bajo el agua con personas en el tejado”.

Una de las últimas voluntarias es Dyneisha Longmire. “Diez años después del Katrina, y todo el mundo sigue hablando de esto. Entiendo que el Katrina afectó a muchas personas y que fue una pérdida para la ciudad, pero después de diez años creo que es momento de mirar adelante”, dice. “Cuanto más hablemos de ello, más dolerá”.
El otro día echaron este documental sobre el tema en Arte:
http://www.onlyneworleans-film.de/





Y, en uno de los capítulos, salió una actuación de John Hiatt tocando Feels like Rain:



Canción que tocan unos amigos:



http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com.es/2015/08/conciertos.html

Actualización a 19/09/2015: Vaya, ayer mismo en En Portada:
http://www.rtve.es/television/20150914/portada-historia-baltimore/1218326.shtml
En Portada. 'Una historia de Baltimore'
-La muerte de varios jóvenes afroamericanos reabre el debate sobre la discriminacion racial en EE.UU.
-En Portada se ha desplazado hasta la la ciudad de Baltimore para comprobar la situación actual
-Jueves 17 de septiembre, a las 00:00, en La 2 de TVE
14.09.2015 | actualización 07h44
PILAR REQUENA @RequenaPilar

La muerte en agosto del pasado año de un joven afroamericano en Ferguson por disparos de un policía blanco desató violentos disturbios. Las protestas se extendieron después a otras ciudades como Baltimore o Nueva York por la muerte de otros jóvenes por el mismo motivo. Estos sucesos reabrieron el debate sobre la discriminación racial y la violencia policial y ponen en evidencia que el sueño de Luther King sigue pendiente.

Era complicado decidir en cuál de las ciudades afectadas centrar el reportaje. Al final, nos decantamos por Baltimore, conocida por ese Baltimore Oeste duro y de historias crudas a través de la serie The Wire. Y, también, porque en esa ciudad se veía con gran claridad la existencia de dos ciudades en una, reflejo de la brecha existente también en el país entre los barrios afroamericanos y los más blancos. Los barrios afroamericanos como Baltimore Oeste son símbolos de la desesperación y desesperanza de muchos negros.

Y, dado que ese barrio estaba lleno de historias duras, podía ser interesante centrarlo en la historia de uno de sus moradores. Comentando el tema con mi compañero en Washington, Carlos Franganillo, me habló de Kevin Shird a quien había conocido durante la cobertura para los telediarios de los disturbios por la muerte de Freddie Gray bajo custodia policial. La verdad es que Carlos tenía razón.

Kevin Shird personifica todo lo que queríamos a la perfección. Fue traficante de drogas y acabó en la cárcel. Allí se redimió y ahora es un activista social que lucha para que otros jóvenes no caigan en el abismo como él. Llegó a ganar como narcotraficante más de 20.000 dólares al día. Una historia de Baltimore bucea en su vida y, a partir de su historia, analiza la situación de esos barrios afroamericanos, las causas de la violencia racial policial y la necesidad urgente de cambios.

l rodaje no fue fácil. Baltimore Oeste es una especie de museo de la decadencia, con casas abandonadas y bastantes en ruinas y muchas de sus calles vacías. Eso nos sorprendió mucho, faltaba la vida. Y se respiraba un ambiente de tensión, aunque no hubiese nadie. Era, como nos comentó Kevin, como si acabase de caer una bomba. Uno sabía que en cualquier momento podía pasar algo, que podía haber un tiroteo o aparecer un narcotraficante o un drogadicto o alguien armado a quien no gustase la presencia de las cámaras, así que los nervios estaban siempre que nos movíamos por esa zona a flor de piel.

Cuando estuvimos con Kevin por el barrio siempre nos acompañaron, porque él así lo quería, dos hombres armados como protección y, cuando lo hicimos sin Kevin, él nos pidió que al menos siempre nos acompañara uno. Estaba claro que si él no se sentía del todo seguro, había que estar alerta.

En cualquier caso, la mayoría de los habitantes del barrio lo que se sienten es abandonados a su suerte, en medio del desempleo, peores colegios, la discriminación y la violencia policial racista y, a la vez, enfrentados a los delincuentes y a la tormenta de las drogas y siempre con el miedo de que sus hijos caigan en la drogadicción o en la delincuencia, sean víctimas de la violencia policial o mueran por una bala perdida en un tiroteo.

Pero es, sin duda, gente que lucha por salir de ese abismo y por una vida mejor, como Toya Graham, a la que muchos llaman “madre coraje” porque sacó a su hijo de los disturbios a guantazos por miedo a que le ocurriese algo. Esas imágenes dieron la vuelta al mundo. Es una madre soltera de seis hijos y con una nieta que nos confesó que en cuanto pueda abandonará el barrio porque no ve ningún futuro y sí muchas amenazas para ellos.

Helena Hicks, a sus 81 años, sigue con su lucha pacífica por los derechos civiles, una lucha que comenzó ya de joven en los años 50. Ellas y muchas personas más de ese Baltimore duro devuelven la esperanza en que es posible un cambio y que quizás la muerte de Freddie Gray, como nos decía otros de nuestros entrevistados, David Warnock, sea el Katrina de Baltimore, el despertar que sirva de catalizador.

Kevin consiguió salir del abismo y empezar una nueva vida pero muchos de sus amigos de antaño se quedaron en el camino.
Making of del reportaje:



FICHA TÉCNICA
Guión y Realización: Pilar Requena
Imagen: José Luis de la Torre
Sonido: Fernando Romera
Montaje: Benjamín Garrido
Producción: Ana Pastor
Ambientación Musical: José Luis Ayuso
Sonorización: Isabel García Leal


Actualización a 03/11/2015: Vaya, hace varios días cacé la referencia de la pegatina "This machine floats" de la guitarra de uno de los personajes de Tremé:
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/27/actualidad/1445975943_238220.html 
La canción como arma de protesta
-Un monumental libro repasa el impacto social de la música contestataria anglosajona
-De Billie Holiday a Woody Guthrie, pasando por Dylan, The Clash o Public Enemy
-'Protesta que algo queda', por JOSÉ IGNACIO LAPIDO: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/27/actualidad/1445977549_026275.html
-FOTOGALERÍA Rostros de la canción política: http://elpais.com/elpais/2015/10/27/album/1445960142_546130.html#1445960142_546130_1445960509
Fernando Navarro Madrid 28 OCT 2015 - 10:05 CET
Woody Guthrie actuando en una taberna de Nueva York en 1943 con su famosa guitarra con el lema impreso 'Esta máquina mata fascistas'.
Cuando Billie Holiday cantó por primera vez Strange Fruit en el Apollo de Harlem, el hijo del propietario del teatro, Jack Shiffman, dijo: “No había una alma entre el público que no se sintiera estrangulada”. El cantante negro Josh White aseguró: “La música es mi arma. Cuando canto Strange Fruit me siento tan poderoso como un tanque M-4”. Aquello, ciertamente, no era una canción más. Tal y como la describió un periodista del New York Post: “Si la ira de los explotados llega algún día a arder en el Sur, ahora ya cuenta con su Marsellesa”.

Con su denuncia de los linchamientos a los negros en la Norteamérica de 1939, Strange Fruit es considerada como la primera canción protesta de la historia de la música popular en 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta (Malpaso), el monumental libro de casi 900 páginas escrito por el crítico musical británico Dorian Lynskey, firma del diario The Guardian. “Es un comienzo natural porque fue cuando la canción pop abrazó enteramente la política”, explica Lynskey en conversación telefónica desde Londres.

Sucedió algo similar en 1944 con This Land is Your Land, de Woody Guthrie, que, agarrado a su guitarra con la inscripción “esta máquina mata fascistas”, decía que sus ojos eran una cámara que “tomaba fotos de todo el mundo”. Con su máquina, el músico podía llegar de forma más eficiente al ciudadano de a pie, en pueblos y carreteras secundarias, que, por ejemplo, los escritores. Al escuchar Tom Joad, la canción de Guthrie inspirada en la novela Las uvas de la ira, su autor, el premio Nobel de Literatura John Steinbeck, exclamó: “¡Maldito cabrón! En 17 versos ha pillado la historia entera que me costó dos años escribir”. Pero Steinbeck, admirador del aguerrido bardo, le reconoció su valiosa labor: “Canta las canciones de un pueblo y, en cierto modo, él es ese pueblo”. “Estas canciones hicieron colisionar tensamente el entretenimiento de los clubs y los escenarios con la realidad social más brutal o injusta”, apunta Lynskey.

De esa tensa colisión, generada entre el mundo del espectáculo y los acontecimientos políticos, sociales y culturales del último siglo, se nutre este concienzudo repaso que se centra tan solo en 33 canciones desde Strange Fruit hasta American Idiot de Green Day, la composición que le sirve de pretexto a Lynskey para analizar cómo era Estados Unidos en plena psicosis contra el terrorismo en la era de George W. Bush y observar qué papel desempeñaron distintos músicos en ese tiempo. “Mi intención ha sido hacer algo así como biografías de canciones”, dice. De hecho, es el gran triunfo de este libro: detrás de cada canción se despliega toda una época y un contexto político, social y cultural, haciendo de su ajustadísima selección un mal menor mientras prevalece una lectura apasionante del poder de la música para ser crónica humana y social, aunque sea muy difícil definir el concepto de canción protesta. “Bob Dylan se encargaba de recordar poco antes de tocar Blowin' in the wind que esa no era una canción protesta pero es imposible no reconocerle el efecto que tuvo. Me han interesado las que abren una puerta por la que se cuela el mundo exterior”, asegura.

De Dylan, epítome al respecto, se incluye Master of War (1963). Lynskey le concede el simbólico título de liquidador de la muy activista comunidad folk al dar el salto a la modernidad rock y pasar del “nosotros” al “yo”. Dylan le puso ganas a enterrar sus propias canciones protesta, pero como le respondió el incansable agitador Phil Ochs: “No puede enterrarlas. Son demasiado buenas. Y ya no le pertenecen”. Patrimonio popular también son otras que se analizan como Mississippi Goddam de Nina Simone, que en 1964 se enmarcaba en la lucha de Malcolm X por los derechos civiles mientras A Change is Gonna Come de Sam Cooke lo hacía en el discurso menos radical de Martin Luther King Jr, o White Riot de The Clash, tal vez la única banda del punk dotada de cierto heroísmo o como decía Joe Strummer: “No teníamos soluciones a los problemas del mundo, pero tratamos de pensar y nunca nos acomodamos”.

The Clash dejaron un legado potente a otras formaciones que se citan como U2, R.E.M., Manic Street Preachers o Billy Bragg, un estandarte del activismo que ha luchado siempre contra la “retórica vacua” y que reconoció que hay que “ceder el testigo al público porque sólo el público puede cambiar el mundo y no los cantantes”. Su reflejo norteamericano, al menos durante bastante tiempo, ha sido Steve Earle, forajido sin pelos en la lengua del que se incluye John Walker's Blues, que buscaba combatir la paranoia patriótica en EE UU tras los atentados del 11-S. “Las mejores canciones políticas son periscopios que nos permiten ver una parte de la historia”, reflexiona Lynskey. Eso, y algo más, como decía Billie Holiday cuando cantaba Strange Fruit, que algunos promotores quisieron prohibirla pero la diva tenía una cláusula que le garantizaba cantarla: “Podía distinguir a los imbéciles entre el público. Eran aquellos que aplaudían tras terminar de cantarla”.

La única en castellano: ‘Manifiesto’ de Víctor Jara
No están todos los que son, pero son todos los que están. De una escueta selección de 33 canciones se sobreentiende que faltan muchas obras de creadores importantes en la historia de la música popular. Dorian Lynskey lo sabe y reconoce que se ha centrado en el mundo occidental y la canción anglosajona, a caballo entre Reino Unido y Estados Unidos, pero no por ello ha obviado el espacio exterior. Se incluyen tres canciones fuera de ese límite: War Ina Babylon, de los jamaicanos Max Romeo and the Upsetters; Zombie, de Fela Kuti y Afrika 70, y Manifiesto, de Víctor Jara. “Son composiciones que tuvieron cierto impacto en el rock y el pop de nuestras sociedades”, explica.

De esta forma, el único rastro de canción en castellano es la del cantautor chileno más internacional, asesinado por la dictadura de Pinochet tras el golpe de Estado de 1973. “Murió cantando. Fue víctima de una década desoladora en su país”, apunta el escritor británico.

En España, la tradición de la canción protesta se puede encontrar desde la época de la Guerra Civil, pero algunos de sus precursores más conocidos se registran en los años cincuenta y sesenta. Uno de ellos es Chicho Sánchez Ferlosio, pero también están Paco Ibáñez, quien puso música a los poetas españoles de todas las épocas; Raimon o Mikel Laboa cantando en euskera. En una generación posterior figuran Lluís Llach, Pi de la Serra, Joan Manuel Serrat, Patxi Andión, Labordeta o Javier Krahe, entre otros.
Actualización a 07/06/2016: La semana pasada en Kaxilda:
http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2013/05/espacio-de-encuentro-kaxilda-elkargunea.html
Antes de empezar la presentación estuve echando un ojo a éste libro y el tema surgió durante la charla por el tema de los estereotipos y relación Panteras Negras - Derechos Sociales (Feminismo y Gays):




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