Patente de corso Sí, soy viejo… ¿Y qué? Arturo Pérez-Reverte Viernes, 20 de marzo 2026, 08:58
Envejecer bien es un arte. De pronto te levantas con dolores nuevos y descubres que el mundo no te debe nada, sino que pasa factura. A menudo acudes al médico en busca de soluciones, y sin fijarte en ellas pasas ante librerías que a tu edad son más útiles que las farmacias. Leer a los filósofos estoicos antiguos es uno de los mejores analgésicos que conozco. Como las aspirinas o el paracetamol, no quitan las causas del dolor, pero ayudan a soportar el dolor. Y eso no es ninguna tontería.
Los estoicos no prometen felicidad, ni buenos rollitos en TikTok. Lo que Epicteto, Séneca, Marco Aurelio y otros colegas ofrecen es mejor: consejos para no vivir y morir como un imbécil. Mientras los modernos manuales de autoayuda sostienen que el universo y sus mantras están de tu parte –lo que es una mentira cochina–, los viejos estoicos te miran a los ojos y dicen: «No te agobies por lo que no depende de ti, pringado, y deja de lloriquear». Leerlos a cierta edad, cuando ya le ves las orejas al lobo, es hojear un manual de instrucciones que olvidaron darte a los veinte. Porque explican con minuciosidad cruel que hay cosas que controlas y cosas que no, que envejecer con dignidad consiste en aceptar que el mundo no se adapte a tus achaques y manías, que los jóvenes –también lo fuiste– usen palabras para ti incomprensibles, que la música te irrite las trompas de Eustaquio y que nadie tenga la obligación de cederte el asiento en el metro. El estoicismo prepara para el paisaje hostil con una herramienta que se llama indiferencia selectiva. No la del pasotismo idiota, sino la del francotirador que elige bien a qué dispara y a qué no.
Los estoicos no eran vendedores de optimismo por fascículos. Eran tipos duros que sabían que la vida no mejora por quejarse de ella y que el tiempo es un carnicero eficiente. Por eso insistían en la fugacidad de todo: la salud, el prestigio, la belleza y hasta el pelo, que se cae y no pasa nada. Leerlos te reconcilia con la idea de que perder cosas no es tragedia personal sino norma universal. Y cuando todo el mundo pierde tarde o temprano, ya no hay humillación posible. Solo son las reglas.
Además, el estoicismo es una vacuna magnífica contra el patetismo tardío. Me refiero al ridículo senil: ese impulso peligroso que empuja a fingir que tienes veinte años menos, a hablar como los adolescentes o a disparar certezas con una seguridad impropia de quien ya debería saber que, cuantos más años cumples, más certezas se van al carajo y sólo queda una conciencia exacta de la imbecilidad universal. El estoico asume su edad como una cicatriz honrosa: no alardea, pero tampoco la esconde. Sabe quién es y quién fue; y sobre todo, qué no necesita ya demostrar.
Hay también una forja del carácter. Los estoicos entrenan para soportar molestias menores –frío, calor, incomodidad, achaques naturales– con una entereza insolente. No porque seas espejo de virtudes, sino porque entiendes que protestar no mejora tu vida, molesta a los demás y además pudre el alma. El humor estoico es seco, casi militar. No es carcajada, sino media sonrisa. Es saber que el cuerpo falla, que la memoria traiciona y que levantarse del sofá requiere una planificación previa. El estoico no se queja del frío ni del calor: se abriga o suda, y punto. Esa actitud, aplicada a la vejez, evita el peor de los males: convertirse en una sirena de ambulancia o un recetario médico con patas. Como decía el actor Luis Gamero: «Yo a los amigos nunca les cuento mis problemas. Que los divierta su puta madre».
Otra ventaja es la elegancia moral: asumir que el silencio es una forma superior de inteligencia y, sobre todo, de elegancia. No porque no tengas razón, sino porque no tienes ganas de explicarla tres veces. Envejecer con dignidad implica tener la boca cerrada y, cuando la abres, que te importen un carajo las consecuencias. El estoico sabe que no puede educar al mundo y que discutir con necios es una pérdida de tiempo. Así que, cuando no hay más remedio, dice lo que piensa o guarda silencio, según la coyuntura. Después se levanta y se va.
Y al final, naturalmente, aguarda la muerte, que no falta a ninguna cita: última pareja de baile que incomoda a todos menos a quienes aprendieron a tratarla como compañera de viaje. Los estoicos no desean morir, pero tampoco lo dramatizan. Lo consideran parte del contrato temporal que llamamos vida. Y ahí el estoicismo vuelve a su papel lúcidamente analgésico, porque te recuerda que cada día bien jugado es una victoria, aunque el marcador final sea la derrota. Morir es inevitable, pero vivir como un imbécil es opcional. En la vida puedes ganar o perder, pero al final siempre pierdes. Y no hay en la historia de la Humanidad héroes más admirables que quienes supieron perder con estilo.
Hace la OXTIA que no uso ninguno pero llevo desde ayer para bajarme un disco y se me está atragantando (no sé por qué se corta la descarga).
A ver...
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Cómo conectar tu Galaxy Watch a tu smartphone: El Galaxy Watch está diseñado para facilitarte la vida en todos los sentidos. Analiza tu salud, monitoriza tu actividad física, te permite reproducir música y hacer llamadas telefónicas. Por si fuera poco, puedes conectar tu Galaxy Watch a cualquier tipo de smartphone, sin importar si es Android™ o iOS™. A continuación, descubre cómo puedes conectar tu Galaxy Watch a tu smartphone.
Me he instalado la App Samsung Wearable en el teléfono, lo he conectado por Bluetooth y he vinculado la cuenta de GMail para iniciar sesión en la Samsung Account.
Edit: No, he tenido que crear una cuenta. Y sigue dando problemas.
Se adentra en mundos raramente vislumbrados por los ojos humanos para explorar el mundo que hay bajo nuestros pies. Un mundo que no está lleno de miedo y oscuridad, sino de conocimientos y maravillas que no se encuentran en ningún otro lugar. Comenzando en suelos poco profundos bajo un viejo fresno, viajamos con varios "Astronautas del inframundo" a antiguas cuevas sagradas, desagües de tormentas inundados, glaciares en deshielo, cámaras funerarias submarinas y un profundo laboratorio subterráneo construido para resolver los misterios del Universo.
Based on Robert Macfarlane's bestseller, UNDERLAND is a cinematic voyage beneath the surface of the earth.
We know so little of the world beneath our feet. To most it is a place only of fear and darkness, though to a brave few it is one of knowledge and wonder to be found nowhere else. Based on the bestselling book by Robert Macfarlane, UNDERLAND is a cinematic documentary that voyages into worlds rarely glimpsed by human eyes. Beginning in the shallow soils beneath an old ash tree, he film follows several ‘astronauts of the underworld’ as they travel into ancient sacred caves, flooded storm drains, melting glaciers, underwater burial chambers and a deep underground laboratory built to solve the mysteries of the Universe. Narrated by Oscar-nominated Sandra Hüller, and with a uniquely poetic approach, UNDERLAND is a deep dive into the Earth that ultimately presents a groundbreaking vision for rethinking our lives on this fragile surface.
Patente de corso Insultando se entiende la gente Arturo Pérez-Reverte Viernes, 27 de febrero 2026 | Actualizado 02/03/2026 11:38h.
España fue siempre un lugar de insultadores ingeniosos, aunque ya no lo parezca. Durante siglos nuestro desprecio verbal fue una herramienta seria, peligrosa y a veces mortal. Se insultaba como Dios manda, con certeza del peso de cada palabra. Se insultaba de puta madre. Hoy, en cambio, se insulta mucho y cutre. O sea, mal. En eso, como en tantas otras cosas, hemos perdido el oficio. Aunque no las ganas.
En el Siglo de Oro, insultar era un arte social. Llamar imbécil a alguien era un quiero y no puedo, un improperio de chichinabo, porque lo que se zahería no era la inteligencia, sino el honor. Decirle villano a un hidalgo equivalía a negar su condición; llamar cobarde a otro era invitarlo a batirse; decir cornudo no apuntaba a la intimidad conyugal sino a la humillación pública, la risa ajena, el descrédito. El insulto no rebatido con letras o sangre era una grieta en la reputación.
Había insultos que hoy parecen simples, pero que antes funcionaban como minas antipersona. Hijo de puta no era un comodín fácil como lo es hoy –yo mismo lo uso mucho–, sino una imputación al linaje en una sociedad obsesionada con la sangre limpia. Judío, moro o converso, utilizados como acusaciones, eran sospechas con consecuencias legales. Por eso los grandes escritores sabían hacerlo con precisión quirúrgica. Quevedo no lanzaba improperios sino ejecuciones; cada palabra estaba escogida para humillar a muerte. No necesitaba levantar la voz, pues sabía que un verso eficaz clavaba al adversario en la memoria colectiva. El insulto era literatura, porque la literatura era poder.
Con el paso del tiempo, el insulto fue a otros ámbitos, mezclado con la política: afrancesados, servilones, ojalateros. Durante la Segunda República y la Guerra Civil, sustantivos convertidos en insultos señalaban y mataban: terrateniente, agitador, marxista, derechista, podían llevar a las cunetas cebadas por unos u otros. Y con el franquismo, el insulto circuló por conducto vertical: unos lo usaban de arriba abajo y otros de abajo arriba. Ya no se trataba de dañar el honor ajeno, sino de señalar a partidarios o enemigos del orden establecido: fascista, antiespañol, estraperlista, degenerado, falangista, meapilas, invertido, eran palabras administradas sin ironía ni ingenio, pero a veces de una violencia burocrática devastadora, pues –las que iban de arriba abajo, sobre todo– tenían serias consecuencias materiales.
Hoy estamos en la fase idiota del proceso: el insulto sin responsabilidad. En las redes sociales se vomita bilis sin pagar el precio ni dar la cara, incluso sumándose a otros con un simple clic del ordenador o el teléfono. Tampoco se ataca el honor o la lealtad a lo que sea –averiguarlo requiere esfuerzo y tiempo–, sino la supuesta filiación del objetivo en cuestión: machista, masón, nazi, cuñado, taurino, seguidor del Real Madrid o del Barça. El insulto español contemporáneo es rápido, fácil y pobre, una contraseña tribal: tú, cabrón, puta, no eres de los míos. No se insulta a alguien por lo que es, sino por lo que se supone que es. Incluso por lo que se supone que no es.
Aparecen además epítetos muy contemporáneos: viejuno, maruja, señoro, misógino, amorfa. También tienen mucho éxito los insultos a la ambigüedad. No militar en algo es imperdonable: moderadito, equidistante, tibio, maricona. La diferencia entre antes y ahora no es que insultemos más, sino que insultamos peor. Antes implicaba riesgo de un pistoletazo, de una bofetada; hoy se insulta pensando más en la audiencia que en el adversario. Y ahí entra el algoritmo que no recompensa el ingenio, sino la reacción. El improperio que triunfa no es el que requiere talento para construirlo, sino el fácil de compartir. Insultos diseñados para circular, no para definir de verdad. De ahí la pobreza léxica, la reiteración, la monotonía.
Esta variedad moderna tiene sus ventajas para quien la ejerce: facilita la deshumanización. Ya no hace falta escuchar, ni reflexionar. El insulto más sobado funciona como recurso para mentes incapaces de complejidad, pues permite sentirse del lado correcto sin ningún esfuerzo intelectual: fascista, machista, racista, rojo de mierda, son recursos ideales. Lo malo es que cuando de verdad es necesario señalar un fascismo real, un machismo real, un racismo real, un rojomierdismo real, ya no queda munición; de tanto usarla para todo no sirve para nada. Éste es el gran daño colateral del insulto español contemporáneo: vacía el lenguaje de precisión. Cuando todo se plantea como intolerable, nada lo es del todo. Si es cierto que insultando bien se entiende la gente, sabiendo a qué atenerse, quizá sea ésa la causa de que cada vez nos entendamos peor.
DJ Shadow, Nightmares on Wax, DJ Krush, Kruder & Dorfmeister, and Thievery Corporation Amon Tobin X DJ Cam - Mad Blunted Jazz Sneaker Pimp’s Becoming X Massive Attack, Bjork and Morcheeba U.N.K.L.E. And Red Snapper GusGus - Polyesterday, This is normal Morcheeba??? Mandalay??? Lamb??? Bonobo??? Ninja Tune! Herbalizer, Aim Zero 7, Bent, Supreme Beings Of Leisure, Smoke City or Nathaniel Merriweather Rae
& Christian, William Orbit, Coldcut, Funki Porcini, Boards of
Canada, even trip-hop or chillout adjacent groups like Husky Rescue? I always loved The Wiseguys, although they would extend into sth like Big Beat, I guess Kurzweil K2600 Demo song. It was literally called Triphop Diplo’s “Florida Life in mono X Bonobo - Dial M For Monkey smith and mighty monk and canatella pressure drop early ninja tune (see, funki porcini/herbaliser/etc.) Nightmares on wax (who hated the term triphop) The aloof (made some VERY early 'triphop' - see their first release 'never get out of the boat' rom 1990 for example) Sabres of paradise Cup Of Tea records DJ Cam DJ food Kid loops Jon Hassell with Jeff Rona in City: Works of Fiction (came out in 1990). Cantimila” by Tranquility Bass. X Bowery Electric: Bowery Electric!! Beat + Lushlife Beautiful by Gustavo Cerati Ultimate Dilemma, Cup of Tea, Ninja tune Ninja Tune, and G Stone Smith & Mighty Kruder & Dorfmeister Alpha
Trip hop is a music genre defined as a psychedelic fusion of hip-hop and electronica with slow tempos and an atmospheric sound. The style emerged as a more experimental variant of breakbeat from the Bristol sound scene of the late 1980s and early 1990s, incorporating influences from jazz, soul, funk, dub, rap, as well as sampling from movie soundtracks and other eclectic sources.
Common musical aesthetics include a bass-heavy drumbeat, often providing the slowed down breakbeat samples similar to standard 1990s hip-hop beats, giving the genre a more psychedelic and mainstream feel. Vocals in trip hop are often female and feature characteristics of various singing styles, including R&B, jazz and rock. The female-dominant vocals of trip hop may be partially attributable to the influence of genres such as jazz and early R&B, in which female vocalists were more common. However, there are notable exceptions: Massive Attack and Groove Armada collaborated with male and female vocalists, Tricky often features vocally in his own productions along with Martina Topley-Bird, and Chris Corner provided vocals for later albums with Sneaker Pimps.
Trip hop is also known for its melancholic sound. This may be partly due to the fact that several acts were inspired by post-punk bands; Tricky and Massive Attack both covered and sampled songs of Siouxsie and the Banshees and the Cure. Tricky opened his second album Nearly God with a version of "Tattoo", a proto-trip-hop song of Siouxsie and the Banshees initially recorded in 1983.
Trip hop tracks often incorporate Rhodes pianos, saxophones, trumpets, flutes, and may employ unconventional instruments such as the theremin and Mellotron. Trip hop differs from hip-hop in theme and overall tone. Contrasting with gangsta rap and its hard-hitting lyrics, trip hop offers more aural atmospherics influenced by experimental folk and rock acts of the seventies, such as John Martyn, combined with instrumental hip-hop, turntable scratching, and breakbeat rhythms. Regarded in some ways as a 1990s update of fusion, trip hop may be said to "transcend" the hardcore rap styles and lyrics with atmospheric overtones to create a more mellow tempo.
Pioneering trip hop acts include Massive Attack, UNKLE, Tricky, and Portishead.[9] The term was first coined in a 1994 Mixmag piece about American producer DJ Shadow.
In 1993, Icelandic musician Björk released Debut, produced by Wild Bunch member Nellee Hooper. The album, although rooted in four-on-the-floor house music, contained elements of trip hop and is credited as one of the first albums to introduce electronic dance music into mainstream pop. She had been in contact with London's underground electronic music scene and was romantically involved with trip-hop musician Tricky. Björk further embraced trip hop with her 1995 album Post by collaborating with Tricky and Howie B. Homogenic, her 1997 album, has been described as a pinnacle of trip hop music.
Trip hop continued to influence notable artists in the 2000s. Norwegian avant-garde band Ulver incorporated trip hop in their ambient/electronic/jazzy album Perdition City.
In April 2024, Irish rock band Fontaines D.C. released "Starburster", the lead single from their fourth album Romance. Critics Consequence and Clash described the track as trip hop.
Actualización a 04/03/2026: Me han gustado Portishead y Bowery Electric (Tricky está siendo... más tricky. :P) y ayer volví a escuchar los 3 primeros de Massive Attack. SEDA.