lunes, 30 de mayo de 2022

Mi Primera Inmersión en la Playa de los Frailes de Hondarribia, Txispas!

Muy buenas,

A pesar de que ya hemos hecho varias inmersiones fuera del espigón del Hondarribia, ayer nos escapamos del circo del Pasaia Itsas Festibala (y del viento Norte que se empezaba a levantar) para probar este punto de inmersión (del que había oído hablar bastante):

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2013/07/barquitos-euskal-bateleroak-albaola.html 

He marcado la zona del espigón donde solemos aparcar y bajar al agua pero ayer seguimos subiendo hacia el castillo ya que el puerto está cerrado por obras (como ya nos habían avisado).

Aparcamos en el último aparcamiento antes de que la carreterita se convierta en un sólo sentido y cogimos el sendero que baja antes de la primera curva.

Nota: Marcado como Talaia:

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2013/04/sendero-talaia-bidea.html 

Desde ahí, caminata hasta bajar a la playa. Primer viajes con botellas y plomos y segundo ya equipados.

Descripción que he encontrado:

http://buceohondarribia.com/buceo2/salidas-de-buceo/

PLAYA DE LOS FRAILES:
El punto de inmersión mas visitado de la costa de Hondarribia.
Pasada la ría de Pasajes, la sierra de Jaizkibel forma el Cabo de Higuer, conocido como “Playa de los Frailes”. Es la zona más protegida que hay por el contorno.
Ideal para principiantes, cursos, bautizos, nocturnas… porque su cota de profundidad va de -5m a -16m. En ella encontraremos pulpos, cabrachos, holoturias, erizos, estrellas de mar, y descansando debajo de las lajas ocultándose con la arena, hermosos torpedos. Considerada como una de las 50 mejores inmersiones de nuestro país.

Nosotros tiramos desde la orilla en dirección al fondeo y sólo nos llamó la atención una laja que bajaba en ese sentido y tenía algunos bajos y grietas.

La verdad es que entraba mar de fondo y estaba todo bastante revuelto y movido. Mucha alga y sol bajo por lo que la visibilidad tampoco era ninguna maravilla.

Me pareció bastante pobre y con acceso bastante incómodo, la verdad, ya que estamos más acostumbrados a bucear desde embarcación.

P.D: Más info y fotos:

https://www.padi.com/es/sitio-buceo/espaaa/playa-de-los-frailes/ 


Actualización a 02/06/2022: Seguimos explorando nuevos puntos:

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2015/01/puntos-de-inmersion.html 

Actualización a 16/10/2024: Batimetrías de Azti:
 
 
P.D. Se supone que me mandarán un enlace de descarga.
Edit: Poozi:
 

-Illurgita:

-Pikatxilla y Monpás:

-Donosti e Igeldo:

-Piedras Grandes:

Actualización a 17/10/2024: Todas:

https://www.azti.es/productos/

Batimetrías o cartografías de los fondos marinos de Pasaia:

https://www.azti.es/productos/batimetrias-o-cartografias-de-los-fondos-marinos-de-pasaia/

https://www.azti.es/wp-content/uploads/2024/10/Pasaia_SRA3_2024.pdf

Batimetrías o cartografías de los fondos marinos de Donostia:

https://www.azti.es/productos/batimetrias-o-cartografias-de-los-fondos-marinos-de-donostia/

https://www.azti.es/wp-content/uploads/2024/10/Donosti_SRA3_2024.pdf 

Batimetrías o cartografías de los fondos marinos de Hondarribia:

https://www.azti.es/productos/batimetrias-o-cartografias-de-los-fondos-marinos-de-hondarribia/

https://www.azti.es/wp-content/uploads/2024/10/Hondarribia_SRA3_2024.pdf 

Batimetrías o cartografías de los fondos marinos de Bermeo:

https://www.azti.es/productos/batimetrias-o-cartografias-de-los-fondos-marinos-de-bermeo/

https://www.azti.es/wp-content/uploads/2024/10/Bermeo_SRA3_2024.pdf 

Batimetrías o cartografías de los fondos marinos de Bilbao:

https://www.azti.es/productos/batimetrias-o-cartografias-de-los-fondos-marinos-de-bilbao/

https://www.azti.es/wp-content/uploads/2024/10/Bilbao_SRA3_2024.pdf

Y detalle de Hondarribi:

Actualización a 27/08/2026: Ayer no fue en la Playa de los Frailes sino desde el espigón del puerto pesquero:

https://maps.app.goo.gl/AoUQepGKbR6mSszV6 






Nocturna con puesta de sol a las 21:











80 minutos. Apareció bastante al aparcamiento para bucear sobre la puesta de sol. Entramos los primero y salimos los últimos. :P  


lunes, 23 de mayo de 2022

'Manca Rispetto' - Arturo Pérez-Reverte

Muy buenas,

Y otro domingo más...

https://www.diariovasco.com/xlsemanal/firmas/arturo-perez-reverte/manca-rispetto.html 

Patente de Corso
'Manca Rispetto'
Arturo Pérez-Reverte

Sábado, 21 de Mayo de 2022, 1:00


l fulano me vigila desde que compré una pizza frita en el vico della Tofa. Sus objetivos son, deduzco, mi reloj y mi cartera. Viene siguiéndome paciente, a la espera de darme el sartenazo ante vecinos que jurarán a la policía, por la memoria de sus queridos difuntos, que no han visto ni oído nada. Son las reglas, y no puedo tomarlo a mal. Veterano del barrio y la ciudad, hace cuarenta años que asumo los usos y costumbres locales. Sin ellos, Nápoles no sería Nápoles. Es una de las razones por las que, por encima de todas las ciudades, amo ésta y cuanto contiene: sus calles, su gente, su peligro. El palimpsesto fascinante de Oriente y Occidente mediterráneos donde es posible encontrar comerciantes que se llaman, por ejemplo, Arístide Pitagórico; o taxistas que con orgullo se dicen a sí mismos il conte Renato, porque su abuelo, conocido truffatóre local, estafaba a la gente bajo ese falso título nobiliario. La vieja Parténope nunca fue ciudad para bobos despistados, sino para gente que sepa moverse, escuchar y mirar. Amantes de la pasta al dente y las películas de Totò y Vittorio de Sica. Viajeros atentos, con ojos en la espalda.

Así, vigilando flancos y retaguardia, voy por el antiguo Barrio Español camino de via Pignaseca, dispuesto a beber una cerveza Peroni a la salud de Gennaro Squarzialupo –cuya imaginaria trattoria Il Palombaro situé cerca de este lugar– y sus camaradas del grupo Orsa Maggiore, que hace ochenta años atacaban naves británicas en Gibraltar. Camino entre puestos callejeros, olor a carne, verdura, pescado y pizza caliente, sin descuidar mi espalda; y a veces me aparto del vico Gelso o la via Speranzella en busca de calles situadas más arriba, menos transitadas: las de ropa tendida en los balcones, altarcitos con santos y esquelas mortuorias en los muros –Marinella Esposito, ditta Nenella–, buscando el eco de mis pasos en calles por las que transitaron, hace cuatro siglos, las sombras de Íñigo Balboa y el capitán Alatriste. Y en una de las que suben a Montecalvario –qué nombres, cazzo, tan extraordinarios hay aquí– compruebo que el pavo que me seguía cambió de objetivo y se aleja tras una pareja de turistas rubios, anglosajones colorados de sol, que pasean de la mano, cámaras al cuello, teléfonos y bolsos descuidados y tentadores, con la inocencia de quien no tiene puñetera idea de dónde se mete.

Manca rispetto, pienso desolado. Falta respeto. La escena es cada vez más frecuente. Antes, los pocos turistas en Nápoles se limitaban a la via Toledo, y los atrevidos llegaban dos calles más arriba. Via Speranzella era el límite impuesto por la prudencia. Para evitar guías banderita en alto y oír graznar inglés o japonés bastaba con mantenerse por encima de esa línea. Así podías recorrer el barrio sin ver más que napolitanos, incluidos niños de doce años conduciendo motocicletas en las que se agrupaban, detrás, hasta cuatro hermanos pequeños. Te metías allí asumiendo los riesgos de un atropello, un tirón o un navajazo, dispuesto a pagar el precio de la experiencia. Ibas sin amparo, disfrutando del oro y el barro de la Nápoles profunda, mirando y aprendiendo lecciones de historia y vida. Ahora, sin embargo, con monstruosos cruceros que vomitan miles de turistas sobre la ciudad, el Nápoles de abajo gana terreno al de arriba. Cada vez hay más restaurancitos, bares, tiendas. Ves turistas con camisetas del Manchester hasta en Trinità degli Spagnoli. Eso es bueno para el barrio: trabajo, dinero y posibilidades. Me alegro por ellos, claro; por esos napolitanos de rostros patibularios y esas mujeres de belleza densa y espesa. Pero no puedo evitar cierta melancolía. Sé que esa nueva vida –lo he visto en Madrid, en Lisboa y en muchas ciudades– significa la muerte de otra, o de los rasgos propios que la hacían especial. Cada vez todo se parece más a todo; y eso, bueno para unas cosas, es malo para otras. Que Nápoles, uno de los pocos reductos que parecían imbatibles, acabe invadida también por el turismo de masas es revelador. Nada queda a salvo. Nenella Esposito y Arístide Pitagórico, con cuanto simbolizan, están sentenciados a muerte. El mundo les ha perdido el respeto, y cualquier pringado se cree seguro paseando ante la mirada, antaño peligrosa y hoy servil, de sus hijos y nietos. Por eso, aunque sólo sea porque retrasa un poquito un destino inevitable, me consuela que el fulano que antes pisaba mis talones siga ahora el rastro de la nueva presa, con andares de lobo goteándole el colmillo. Con algo de suerte, pienso, salvará el honor del viejo Barrio Español, devolviéndole por un instante el respeto que cada vez más pagafantas ignoran. Y así, la parejita anglosajona cogida de la mano tendrá algo que contar a los otros tres o cuatro mil pasajeros cuando vuelva al Costa Smeralda, o al Empress of the Sea, o al Titanic II, o como carajo se llame su puto barco.

...qué puto crack!


martes, 17 de mayo de 2022

Bonsáis

Muy buenas,

Se me había pasado que compramos un kit del Lidl para plantar 3 bonsáis:



Parece que sólo nos ha salido el pino de 5 agujas:


Mi hermano compró esa maceta y todavía no entiendo por qué metió las dos semillas de cada tipo juntas (en los 3 recipientes del kit):

https://www.planetahuerto.es/venta-vaso-retangular-gres-25-cm_94621

P.D: Info

https://es.wikipedia.org/wiki/Bons%C3%A1i

https://es.wikipedia.org/wiki/Cultivo_y_cuidado_del_bons%C3%A1i

Actualización a 06/06/2022: A ver ese pino...


Actualización a 22/06/2022: La pena es que mi hermano puso las dos semillas juntas y ahora no hay cómo separar las plantas:

Actualización a 27/07/2022: Van:

Poco a poco.

Actualización a 15/12/2022: No sé qué pasó exactamente pero se terminaron por secar. :(


lunes, 9 de mayo de 2022

El Batman Güemes - Arturo Pérez-Reverte

Muy buenas,

Me lo acabo de leer:

https://www.diariovasco.com/xlsemanal/firmas/arturo-perez-reverte/batman-guemes-arturo-perez-reverte.html

El Batman Güemes - Arturo Pérez-Reverte


Sábado, 07 de Mayo de 2022, 1:05

Era uno de esos hombres heridos y trágicos que parecen sacados de una canción mexicana de José Alfredo. De hecho, nos conocimos en una cantina; o allí nos hicimos amigos cuando me entrevistó sobre mis primeras novelas, a principios de los 90. En aquel tiempo César Güemes era periodista cultural y especialista en cierta clase de música de su tierra: corridos populares y sobre todo, género que entonces tenía un éxito enorme, narcocorridos: relatos cantados sobre traficantes de droga, en un tiempo en que ese contrabando, basado todavía en la marihuana, era una actividad comprensible en un país sumido en la injusticia y la pobreza, y no el sangriento disparate, la atrocidad salvaje en que se ha convertido ahora. Uno de los narcos de Culiacán con quienes conversé me resumiría aquel momento en una frase que nunca olvidé: «Prefiero vivir cinco años como un rey a cincuenta como un buey».

Gracias a César Güemes conocí ese mundo asombroso, familiarizándome con sus personajes y episodios. En cada viaje a México me descubría canciones; rolas, las llamaba él. Íbamos a cantinas cutres y peligrosas a conversar sobre ellas entre humo de cigarrillos, vaciando botellas de nuestro tequila favorito, Herradura reposado. Así escuché hasta aprenderme de memoria Contrabando y traición, Pacas de a kilo, Lamberto Quintero, La banda del coche rojo y tantas otras, en la voz de Los Tigres del Norte –que también acabarían siendo amigos míos– y Los Tucanes de Tijuana. Me fascinaban los asuntos y el lenguaje, y así conocí y comprendí un México distinto al que endulzan los mariachis para los turistas. Un México duro y violento; pero que, a diferencia del de hoy, aún mantenía reglas no escritas pero rigurosas: honor a la palabra dada, respeto por las mujeres y los niños. Cosas así. Todo lo que desde hace demasiado tiempo se ha ido allí al carajo.

Cuando decidí escribir La Reina del Sur, César guió mis pasos. Me acompañó a Culiacán, Sinaloa, presentándome a dos amigos que se quedaron para siempre en mi vida: el entrañable Julio Bernal y mi hermano culichi –mi carnal, dicen allí– Élmer Mendoza, hoy respetado escritor y patriarca indiscutible de la literatura norteña. Ellos me dieron acceso a las claves y personas necesarias, y a ellos iba a deber el éxito de la novela y sus adaptaciones televisivas. En agradecimiento los convertí en personajes del relato, reservándole a César el papel de narcotraficante. Y fue en ese punto cuando, una noche de muchas copas en el Don Quijote de Culiacán, le oí decir algo que no olvidé: «Toda mi vida, de niño, soñé con ser Batman». Así que, para complacerlo, introduje en la novela el personaje de César Batman Güemes que luego, en la serie protagonizada por Kate del Castillo, interpretaría el estupendo actor Alejandro Calva. Eso hizo a César, el auténtico, absolutamente feliz. Lo recuerdo serio y vestido de negro, a mi lado, muy en su papel cuando presentamos la novela en Sinaloa, con gente hasta en la calle y la primera fila ocupada por los narcos locales y sus señoras esposas, o lo que fueran. Sus morras, en lenguaje de allí. Fue una noche gloriosa, en la que un policía me amenazó de muerte y mis amigos lo amenazaron a él. Pero ésa es otra historia.

Volvamos a César. Dije que llevaba heridas propias de una canción de José Alfredo, y es cierto. Una mujer sinaloense, su primera esposa, le había destrozado el corazón. Ignoro los motivos, pero era una historia clásica de traiciones, alcohol y cantinas que me contó, nunca del todo, entre copas y canciones. Tenía otra esposa dulce e inteligente a la que hacía muy desgraciada: demasiado alcohol, demasiados recuerdos amargos, demasiado rencor. Quiso César distanciarse del periodismo y hacer novelas, pues era un magnífico escritor, pero no consiguió la serenidad necesaria. Se hundió en el alcohol y el fracaso, perdió a la segunda mujer y arrastró su mala salud hasta que, hace unos días, un amigo común telefoneó para decirme que había muerto en un hospital de México. Esa noche le quité el precinto a la última botella de Herradura reposado que César me regaló, puse la canción Tu recuerdo y yo y me senté a beber en un lugar oscuro de mi casa, en silencio, brindando por su memoria. El sabor del tequila en la boca evocaba lo que me contó una vez en La Ballena de Culiacán, rodeados de fulanos peligrosos que mojaban el bigote en botellines de cerveza Pacífico: «Siempre que vengo a Culiacán me paro en la calle mirando a las mujeres, y cada una que pasa espero que sea ella, la que se fue. Pero nunca es ella, hermano».

Y, bueno. A tu salud, querido Batman. Ahí nos vemos.

Cómo mola Méjico:

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2015/07/buceo-en-el-riviera-maya-mejico.html 

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2014/07/buceo-en-cuevas.html 


Rockopolis de Berriozar

Muy buenas,

Ayer estuvimos, por fín, en el Rockopolis de Berriozar:

https://www.rocopolis.com/





Nos llevó Alain para aprender a hacer fraccionamientos para cuevas y empezamos a usar arnés de espeleología, de pecho, mallón, stop, croll, jumar, pedal,...

https://www.petzl.com/ES/es/Profesional/Bloqueadores/CROLL


https://www.petzl.com/ES/es/Sport/Aseguradores--descensores/STOP

Fotos:




P.D: Además de lo que solemos hacer de escalada:

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2014/01/vuelta-al-zulo.html 

Poco.

Actualización a 26/07/2022: Éstos están hablando ya de bajar a simar de 60-70 ms con fraccionamientos en las que luego tardan HORAS en subir. Tan locos. :P


lunes, 2 de mayo de 2022

La Entusiasta - Gala de Meira - Cristina V. Miranda - Escena Indie Española

Muy buenas,

Lo leí este fin de semana:

https://elpais.com/cultura/2022-05-01/vida-de-una-grupi-del-indie-espanol.html

Vida de una grupi del ‘indie’ español: “Era adictivo, pero te encontrabas con cosas oscuras”
-Cristina V. Miranda escribe una novela con sus experiencias como fanática musical a principios de este siglo en una escena que define como “sórdida y cínica”
CARLOS MARCOS
Santiago de Compostela - 01 MAY 2022 - 05:30 CEST

Prefiere no hacer la entrevista en su casa. Desde hace cinco meses su vivienda ha sido colonizada por cachivaches para atender a su bebé, Tristán. Pañales, sonajeros, cuna, cambiador, colonia infantil… “No es un ambiente adecuado para hablar de lo que pasó en aquella época”, argumenta. El lugar elegido es una cafetería al lado de la catedral de Santiago de Compostela, donde ha crecido y reside. Se pide una copa de vino blanco, “la primera bebida alcohólica en un año y medio”, y mira el reloj: tienen que pasar tres horas hasta la siguiente toma del pecho de su bebé, el tiempo recomendado de espera si se ingiere algo de alcohol. Cristina V. Miranda (39 años) fue grupi del indie español, una escena que irrumpió con fuerza a mediados de los noventa y que ella conoció en una segunda ola, también potente, a principios de este siglo. Era una fanática de la música, seguía a las bandas con el objetivo de conocer a los creadores de aquellas canciones que le reventaban el corazón. Esta experiencia la cuenta en la novela La entusiasta (editorial dosmanos), un relato con partes ficcionadas “pero veraces”. Nada más salir el libro se lo envió a alguno de sus compañeros generacionales. Uno de ellos, chico, le espetó: “No sé por qué has publicado esas historias: lo que pasa en la noche se queda en la noche”. Esta vez no.

Un fragmento del libro: “Abre los ojos. Y me da un beso de despedida sin disimular que no recuerda mi nombre. Joder, cómo coño me tiene grabada en el móvil. ¿Niña grupi desesperada por quererme?”. La autora explica lo que le ha llevado a contar esta historia: “El libro reivindica un feminismo que va más allá del feminismo puritano de la chica que lo hace todo bien y que tiene que esforzarse para ser considerada como una igual. Es la reivindicación de un feminismo de la chica que la caga todo el rato y, aun así, está tan empoderada como la que es de diez. Se trata de dar voz a esas chicas, que éramos muchas y nunca se ha conocido su versión”, explica.

Miranda quiere desde el principio acabar con un tópico libidinoso que se cimentó en los sesenta en las lujosas habitaciones de hotel y en los camerinos de las estrellas del rock: “El concepto de que una grupi es una chica que solo quiere tirarse a un músico es una banalidad absoluta. Me gustaría dignificar el concepto de grupi. Es una fan de las canciones. La pregunta es: por qué es más grupi una chica que un periodista o un chico que estaban también hasta el final de la noche en los locales de Malasaña [barrio de Madrid] con los grupos. Ellos se iban 20 minutos antes y la chica acababa en la habitación del músico. No creo que el acto de acostarse lo cambie todo. Éramos tíos y tías alrededor de una pasión que compartíamos”, explica Miranda a borbotones. El libro precisa lugares y grupos reales (el madrileño club Nasti, festivales como Primavera Sound o el FIB, o músicos como Los Planetas, Tachenko, Ellos, La Casa Azul, Sidonie o Nacho Vegas) que se entrelazan con bandas y clubes inventados. ¿Está inspirada la ficción en personajes reales? Le toca al lector sacar los parecidos razonables.

Miranda llegó en 2002 a Madrid desde Santiago con 20 años. Huía del dolor: la muerte de su padre, “la persona más importante de mi vida”. Galicia se transformó en un lugar insoportable con esa ausencia latente. De familia burguesa, se matriculó en el CEU madrileño en Comunicación Audiovisual. Pronto descubrió Malasaña, un lugar con tantas rosas como espinas para una veinteañera quebrada y fanática de la música. En Galicia se aficionó a Extremoduro, Silvio Rodríguez, Cat Stevens, Aute… Eran los vinilos de su hermano mayor, su referente cultural. Un día le regaló dos discos que provocaron el inicio de su fanatismo por el indie: La vida mata, de Los Enemigos (“No es exactamente indie, pero me atrapó”), y Canciones para una orquesta química, de Los Planetas. Completó la jugada un concierto de Los Piratas en 1999. “Era la primera vez que unas canciones me hablaban de tú a tú. Jota [Los Planetas] e Iván Ferreiro [Los Piratas] parecían cercanos, te contaban cosas que tú podías vivir”. Y las vivió.

Asume que esa pasión se podía haber desarrollado en la primera fila de los conciertos para luego marcharse a casa, pero le enganchó. “Es adictivo porque venía de un ambiente normal y de repente estás con la gente que mola, la que has visto en las revistas. Pero cuando das ese paso más te puedes encontrar con cosas oscuras”, señala. Describe la escena indie como “sórdida, con mucha roña y muy heteruza”. Aunque por encima de todo destaca una característica: el cinismo. “Yo siempre he sido muy entusiasta. Y lo que me pasó en ese ambiente fue que perdí el entusiasmo y me hice cínica. Nunca mi entusiasmo había estado tan mal visto. Me encuentro con una escena en la que se ve todo desde la altura y hay un grado de cinismo brutal. Y yo me abracé a él. Me convertí en una persona que no me gustaba. El libro es un intento de entenderme: por qué de repente me creo ese ambiente y lo compro”, detalla. Miranda expone que su carácter expansivo provocaba un arqueamiento de cejas. Se imponía ser lánguido y mirarlo todo desde la distancia. “Para mí lo divertido era pasármelo bien. Tenía, y tengo, una personalidad desbordante. Sin embargo, en el indie no estaba permitido disfrutar. No se te tenía que notar. Y a mí se me notaba. Eso no gustaba y te hacían sentir culpable constantemente. Había vergüenza a sentir pasión por algo”, apunta.

En el libro se retrata un movimiento musical inflado por determinados periodistas culturales y responsables de programación de salas y de festivales, que proliferaban sustituyendo a las verbenas de pueblo. Un ejemplo que se puede leer en La entusiasta: “Dani es el bajista de un grupo de Valencia que lleva haciendo el mismo disco desde hace una década. Tocan en festivales nacionales a horas más o menos decentes, les representa un sello conocido y sacan ese discocalco cada dos años con algún hit pegadizo que les permite mantenerse en la rueda y así, de vez en cuando, despertarse al lado de una niña de 20 años drogada e inconsciente sin demasiado sentido de culpabilidad”. Se relatan escenas duras, algunas llevadas al extremo por la ficción, otras que la autora ha vivido o visto en su entorno. “Las chicas teníamos que cumplir una función. Por supuesto, no sabías ni la mitad de música que un tío, eso no se ponía en duda, aunque supieses el triple”. Las drogas, el sexo… Todo era un vehículo para poder seguir ahí, para estirar la madrugada. El momento final era el más triste, cuando ya desaparecían todos.

En La entusiasta se detallan episodios hoy intolerables. “Son cosas que pasaban todo el rato: el acostarte con una chica que estaba borracha y no se estaba enterando de nada. Eso no le parecía extraño a nadie. Nadie se planteaba si eso estaba bien o mal. No había debate posible. Cuando nosotras hablábamos llegábamos a la conclusión de que la culpa era nuestra, porque nos habían educado para mantener la consciencia: una mujer no podía perder el foco. A mí eso de ‘sola y borracha quiero llegar a casa’ me cambió la vida. Si en 2005 decías ‘sola y borracha quiero llegar a casa’ eras una zorra”.

Quiere dejar claro que no ha escrito desde el rencor: “No creo que nadie fuese más culpable que otro. No he publicado el libro para ajustar cuentas. Los músicos estaban haciendo lo que se esperaba de ellos. Esto es anterior a la explosión de las redes sociales, anterior al #MeToo. Una grupi se construye entre todos. ¿Cómo?: cuando en las revistas de música son todo tíos y las tías que salen tienen que ser de un talento exacerbado; cuando tu profesora te pide más a ti que a tu compañero; cuando te peleas con tu mejor amiga por un tío… Se va construyendo poco a poco”.

Muchos de aquellos protagonistas de la escena siguen en activo y exhiben hoy un discurso acorde con los tiempos. “Una cosa es que no haga responsables a los músicos y otra es que ellos no hagan autocrítica. Doy por hecho que han hecho autocrítica, porque cosas que pasaban eran muy chungas. Éramos todos víctimas de un momento determinado; ahora, quien actualmente no haga autocrítica y no se lleve las manos a la cabeza por lo que pasó, evidentemente tiene un problema”, reflexiona. Al cumplir los 25 años, Miranda dijo basta y desde ese momento siguió vinculada a la música, pero desde otro estadio: escribiendo en revistas, dirigiendo festivales (el Enofestival) o ejerciendo de representante de artistas. Algunas de aquellas chicas que la acompañaban en aquel ambiente se avergüenzan y niegan su presencia. “Las respeto y hasta las entiendo. Ahora son todas señoras con sus profesiones, son madres… Pero yo he escrito el libro para empoderarme en la decadencia. Porque parece que al final nadie estuvo allí. Y volvemos a ese sentimiento de culpa que no pienso admitir”.

La novela está publicada con un seudónimo, Gala de Meiras, para evitar que se identifique en su totalidad a la protagonista con la vida de la autora, porque hay realidad, “pero también un trabajo de ficción”. Sin embargo, una vez en la calle le “parecía incoherente escribir un libro para reivindicar el empoderamiento desde la decadencia y no dar la cara”.

Miranda trabaja actualmente desde Santiago en departamentos de comunicación y paralelamente se desarrolla como escritora. Quiere que su próximo libro trate sobre la maternidad. Con La entusiasta ha conseguido el objetivo de entenderse, ha dado voz a esas aves de paso y quizá toda una generación tenga ya su novela. Y quedan, siempre, las canciones…

https://www.editorialdosmanos.com/tienda/La-entusiasta-de-Gala-de-Meira-p369870503

No habla apenas de la música pero bueno...

P.D: https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2018/04/entrevistas-y-documental-sobre-grupos.html 

Actualización a 16/10/2024: Estoy leyendo:

https://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com/2024/10/extremoduro-talento-innato-biografia-no.html