martes, 6 de octubre de 2015

Soledad

Muy buenas,
El otro día lo leí. Qué gran paradoja, verdad?
http://politica.elpais.com/politica/2015/10/04/actualidad/1443982460_300003.html
Me siento solo
-Cuatro millones de españoles sufren la soledad, según un estudio reciente
-Informe: "La soledad en España":
https://www.axa.es/documents/1119421/2495806/RESUMEN+EJECUTIVO-Soledad-Espa%C3%B1a.pdf/6f84956e-4485-4373-8776-dac1bf48fe43
-In English: Feeling lonely? You’re not alone:
http://elpais.com/elpais/2015/10/05/inenglish/1444038740_086331.html
Elsa García de Blas Madrid 5 OCT 2015 - 16:14 CEST

Ella nada sola mañanas enteras en la piscina municipal del barrio obrero de Carabanchel (Madrid), porque la entrada cuesta un euro y medio. Otras, las pasa en la biblioteca pública, donde puede conectarse a Internet y mirar Facebook. Él cuida de las plantas de su terraza cuando amanece un día soleado y cocina con tiempo y esmero platos para uno. A veces se da cuenta de que hace días que no sale de casa.

Ella nunca se casó, ni tuvo hijos, sus padres murieron y los hermanos se distanciaron. Él se divorció, tampoco tuvo descendencia, y la familia está a 10.000 kilómetros de su piso de Castellón, en la Argentina que dejó hace 21 años. El dinero apenas entra en la cuenta del banco.

Conchi Rico y Gustavo Ferrarese tienen —es casualidad— 53 años. Les separan muchas otras cosas: ella, auxiliar de enfermería, nunca tuvo un trabajo estable, siempre ha ido a remolque, llegó a pasar “hambre de verdad” antes de ser aceptada en el comedor social. Él era un directivo de una multinacional de materiales cerámicos al que le iba muy bien, aficionado a la música, socio de la Asociación Filarmónica de Valencia y abonado del Palau.

Los dos viven solos y se sienten solos. A la soledad llegaron ambos a través del paro. Un paro que poco a poco va haciendo desaparecer a los amigos, que cada vez llaman menos porque para qué, si va a rechazar la invitación porque no puede pagar la cena o el cine. Cuando no se tiene ni para un café, los amigos se pierden.

Conchi no trabaja desde agosto del año pasado y cobra una prestación de 375 euros al mes “sin pagas extras”. Gustavo lleva seis años desempleado, agotó el último subsidio y ahora espera —sin cobrar nada— a que se cumpla un año de plazo y pueda volver a percibir 426 euros. “La soledad pesa mucho, se te caen las paredes”, dice Conchi, que no sabe si podrá celebrar con alguien su cumpleaños este próximo mes de diciembre. “Uno se siente solo cuando prepara una comida muy buena y se la come uno mismo. O cuando han florecido los jazmines de la terraza y en 15 días no ha venido ningún amigo a verlos”, apunta Gustavo.

Ambos forman parte de un nuevo perfil de víctima de la soledad: el parado. “El desempleo es una pérdida de dinero, de prestigio y de poder. Te puede aislar socialmente”, reflexiona Juan Díez Nicolás, premio Nacional de Sociología, que ha dirigido una investigación, publicada la semana pasada, titulada La soledad en España, que aporta el significativo dato de que cuatro millones de españoles se sienten solos.

El trabajo de Díez Nicolás, basado en entrevistas a expertos y 1.206 encuestas, revela que un 20% de los españoles viven solos. De ese porcentaje, la mayoría, casi el 60%, dice que lo hace porque quiere. Solo un 8% de los españoles mayores de 18 años “se puede considerar como realmente aislado, en cuanto a que vive solo por obligación, y no por voluntad propia”, según el estudio, que también ha constatado que no es lo mismo sentirse solo que no estar acompañado. Quienes viven en familia tienen incluso tasas de sentimiento de soledad más elevadas que aquellos que viven solos por opción personal. “La situación laboral es la variable que más contribuye a la sociabilidad. Las personas con trabajo a tiempo completo tienen mayor sociabilidad que quienes no”, subraya el informe.

“Los caladeros de la relación social son fundamentalmente la familia, el vecindario, el colegio, la universidad y el trabajo. Si falta el trabajo falta uno importante”, apunta Rocío Fernández Ballesteros, catedrática emérita de Psicología de la Universidad Complutense, que señala además que el sentimiento de soledad “produce un bucle, porque el individuo no tiene energía suficiente para salir a buscar la relación”.

“Sientes que estás estorbando en todas partes, como nunca tienes dinero parece que vas a que te inviten…”, cuenta Conchi. “Mi soledad no solo es física, es también cultural, intelectual y profesional”, señala Gustavo, que dejó de ir a conciertos y museos porque no puede pagarlos. “Ahora estoy mejor, pero he llegado a estar ingresada por estrés”, relata Conchi. "Hoy me pilla bien, pero hay días que no estoy de ánimo, que no veo luz al final del camino”, reconoce Gustavo.

En última instancia, la patología de la soledad es la depresión, “pero no todos los sentimientos de soledad van acompañados de depresión”, incide Fernández Ballesteros. De hecho, estos “pueden considerarse normales en la vida del individuo, lo importante es la frecuencia en que se tienen”, explica la catedrática, que indica que es necesario también estar solo para el desarrollo personal y la reflexión. El estudio de Díaz Nicolás revela que más de la mitad de la población ha experimentado soledad durante el último año y cerca de uno de cada diez, con mucha frecuencia.

Pero la soledad es un problema “creciente” en la sociedad española, según el sociólogo, ligado también a los nuevos hábitos. “La vida en la gran ciudad, las relaciones afectivas más de usar y tirar, como casi todo en la vida. Se vive el momento”, explica. ¿Es preocupante? “Debe serlo, la soledad no es felicidad”. “La familia y el Estado deben afrontarla”, concluye.

Ideas para evitar la soledad
1. Utilizar todos los medios posibles para relacionarse y participar en actividades.
2. Mantenerse laboralmente activo.
3. Continuar aprendiendo cosas nuevas a lo largo de la vida.
4. Actualizarse en el campo de las nuevas tecnologías.
5.Cuidar las relaciones con familiares y amigos.
6. Tener aficiones y pasatiempos.
7.  Practicar deporte.
8. Profundizar para detectar los motivos de dicho sentimiento.
Como digo siempre, PRIMERO se deben construir individuos (autosuficientes) para que sean CAPACES de vivir en sociedad.

P.D: Del citado informe:

“Nacemos solos y morimos solos, y en el paréntesis, la soledad es tan grande, que necesitamos compartir la vida para olvidarla”
Erich Fromm
Actualización a 09/10/2015: Ayer mismo, en la presentación sobre un libro de Foucault en Kaxilda:
http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com.es/2013/05/espacio-de-encuentro-kaxilda-elkargunea.html 

Formarnos como individuos libres, críticos y autónomos para poder vivir en sociedad:
http://viviendoapesardelacrisis.blogspot.com.es/2013/11/jugar-aprender-ponernos-prueba-vivir.html 
El problema es que la gente, por lo general, rehuye el dolor, el miedo, el esfuerzo, la autocrítica,... Vamos, aquello que nos enseña quienes somos y en qué debemos mejorar para ser autosuficientes y dejar de NECESITAR para pasar a QUERER.

Actualización a 11/04/2016: Y más:
http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778_182740.html
PSICOLOGÍA
Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?
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JOHN T. CACIOPPO / STEPHANIE CACIOPPO
6 ABR 2016 - 00:03 CEST   

Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.

La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.

Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada.

El motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta. Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a largo plazo, tiene costes para la salud. Cuando estamos acelerando constantemente nuestros motores, dejamos nuestro cuerpo exhausto, reducimos nuestra protección contra los virus y la inflamación, y aumentamos el riesgo y la gravedad de las infecciones víricas y de muchas otras enfermedades crónicas.

Un análisis reciente —de 70 estudios combinados con más de tres millones de participantes— demuestra que la soledad incrementa las probabilidades de mortalidad en un 26%, aproximadamente igual que la obesidad. El hecho de que más de una de cada cuatro personas en los países industrializados pueda estar viviendo en soledad, con consecuencias seguramente devastadoras para la salud, debería preocuparnos.

En nuestras investigaciones también hemos observado que cada medida positiva para mejorar la calidad de las relaciones sociales mejora la presión arterial, los niveles de las hormonas del estrés, las pautas de sueño, las funciones cognitivas y el bienestar general.

Con frecuencia las personas solitarias no son conscientes de muchas de las cosas que les suceden: no lo saben. Por ejemplo, se agudiza de forma implícita la hipervigilancia en busca de amenazas sociales y se reduce la capacidad de controlar los impulsos. Pero, igual que ocurre con el dolor físico que nos informa de una posible lesión en nuestro cuerpo, el sentimiento de soledad nos indica la necesidad de proteger o reparar nuestro cuerpo social.

Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica.

Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública. Debería recibir más atención en las escuelas, en los sistemas de salud, en las facultades de medicina y en las residencias de ancianos para garantizar que los profesores, los profesionales de la sanidad, los trabajadores en los centros de día y en los centros de tercera edad sepan identificarla y abordarla.

¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Imaginen un coche. Si una persona conduce para compartir un rato agradable con sus amigos, seguramente se sentirá menos sola; si se pasea solo para saludar de lejos y ver cómo los demás se lo pasan bien, su soledad seguramente seguirá siendo igual o peor.

Por desgracia, muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real. Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al abrazo consolador de sus padres.

En la actualidad varios países, en particular Dinamarca y Reino Unido, han creado programas nacionales para concienciar al público sobre la soledad crónica, fomentar un mejor conocimiento de sus consecuencias catastróficas que tiene y mejorar las intervenciones, las políticas para bordar este problema y su financiación.

John T. Cacioppo, autor de Loneliness (WW Norton), es catedrático de psicología y dirige el centro de neurociencia cognitiva y social en la Universidad de Chicago. Stephanie Cacioppo es profesora de psiquiatría y neurociencia en el mismo centro.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
Actualización a 09/06/2016: Cada vez más idiotas:
http://www.20minutos.es/noticia/2765242/0/movimiento-anti-smartphone-stop-phubbing/
'Stop Phubbing': una llamada de atención contra la creciente obsesión por el 'smartphone'
-La adicción por los 'smartphones' ha dado lugar al fenómeno conocido como 'phubbing': cuando los individuos ignoran su entorno para centrarse en su móvil.
-La campaña 'Stop Phubbing' y advertencias gráficas como la del artista valenciano Fco. Borja Estela tratan de concienciar a la ciudadanía sobre este asunto.
-Se han vuelto a poner de moda los móviles que solo permiten hacer llamadas.
DANIEL G. APARICIO DANIEL G. APARICIO 09.06.2016 - 06:36h
...

http://stopphubbing.com/ 
http://www.alonetogetherbook.com/ 

Efectivamente, se habla de soledad.

Actualización a 28/06/2016: Mira que tener que llegar a ésto...
http://www.20minutos.es/noticia/2784132/0/robot-pepper-empatia/
El padre del android Pepper inventa un nuevo robot con el que pretende combatir la soledad
-Su futuro robot, que prevé lanzar hacia 2019, tendrá una talla inferior a los 120 centímetros de Pepper y un diseño sencillo.
-Tendrá una inteligencia "comparable a la de un gato" que le permitirá "entender parte del lenguaje verbal y del no verbal".
-Según su creador, el autómata podría ocupar el mismo lugar de las mascotas en muchos hogares pero con "funciones aumentadas".
ANTONIO HERMOSÍN / EFE. 28.06.2016 - 11:05h

¿Puede un androide despertar la empatía de un ser humano y remediar la soledad? Kamame Hayashi, padre del popular robot Pepper, trabaja en un nuevo autómata que sea capaz de cumplir estas funciones y que pretende colocar en cada hogar.

Pepper fue comercializado en 2015 como el primer autómata capaz de interpretar las emociones y el lenguaje humanos y se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de la vanguardia tecnológica de Japón, donde se le puede ver interactuando con personas en muchos establecimientos comerciales.

"Fue un enorme paso adelante en la robótica y demostró que el mercado de los autómatas domésticos tiene un gran potencial", afirma orgulloso su creador durante una entrevista en su oficina de Akihabara, un barrio tokiota conocido por sus tiendas de electrónica, videojuegos y manga.

Hayashi lideró el equipo que concibió al humanoide de facciones afables y anatomía curvilínea, pero tras el lanzamiento al mercado de Pepper en junio de 2015 y su fulgurante éxito comercial —las primeras 1.000 unidades se agotaron en un minuto—, decidió abandonar el barco. Este ingeniero mecánico nacido en Aichi (centro de Japón) hace 45 años fue fichado por el gigante nipón de las telecomunicaciones Softbank para liderar el proyecto de Pepper en 2012, después de trabajar en el desarrollo de prototipos de fórmula uno para Toyota. Pocos meses después de dejar Softbank, Hayashi fundó su propia compañía, Groove X, con objeto de desarrollar un autómata doméstico diferente basado en las premisas de la comunicación no verbal, apariencia no humana y capacidad de conectar emocionalmente con personas.

"No me interesan las máquinas que sustituyen o emulan labores humanas, sino aquellas que nos pueden ayudar a sentirnos mejor", explica Hayashi, quien ha reclutado para su empresa a veinte personas de disciplinas tan diversas como la biología, la danza, la ingeniería industrial o los videojuegos.

Aunque la inteligencia artificial está cada vez más presente en aparatos cotidianos como los teléfonos móviles o los automóviles, "no hay muchas empresas tecnológicas trabajando para cubrir necesidades humanas básicas, como la de afecto o la de aceptación social", añade.

Este ingeniero encontró inspiración para su nuevo proyecto al visitar con Pepper una residencia para personas mayores. Los ancianos trataban de conversar con el autómata, y pese a que el diálogo no siempre era fluido por sus limitaciones de software, el robot tuvo "una gran acogida" entre los presentes.

"Algunos sólo querían tocarlo o cogerle de la mano. Y otros sólo necesitaban ser escuchados", afirma Hayashi, quien descubrió así que lograr la "comunicación subconsciente" con la máquina "era más importante que una interacción lingüística perfecta".

Para dotar a una máquina de estas virtudes, la clave es "conectar con el lado más primitivo de nuestro cerebro, vinculado a los instintos, las emociones o las intuiciones", señala el ingeniero.

Hayashi pone como ejemplo de los robots de la saga cinematográfica Star Wars, y en particular a los icónicos R2-D2 y BB-8, autómatas de apariencia no humana y lenguaje no verbal y que sin embargo "son los más populares y apreciados por el público".

Su futuro robot, que prevé lanzar hacia 2019, tendrá una talla inferior a los 120 centímetros de Pepper, un diseño sencillo y una inteligencia "comparable a la de un gato" que le permitirá "entender parte del lenguaje verbal y del no verbal".

A su juicio, el autómata podría ocupar el mismo lugar de las mascotas en muchos hogares pero con "funciones aumentadas", como motivarnos a la hora de hacer ejercicio físico, acompañarnos en tareas rutinarias o ayudarnos a reducir el estrés a través de juegos y entretenimientos.

"Queremos crear un robot que pueda tener todo el mundo, tanto por su funcionalidad como por su precio, que será similar al de un smartphone", señala Hayashi, quien también ve "una demanda potencial muy importante" en Japón, China y en todas las grandes metrópolis del mundo "por la cantidad de gente que vive sola".
Los hogares con un sólo habitante suponían en Japón el 33 por ciento del total en 2010, una proporción que ascenderá al 38 por ciento para 2035, según datos del Gobierno nipón y que suponen un desafío en términos sociales y demográficos junto al envejecimiento de la población.

La mayoría de los expertos aún ve lejana la singularidad tecnológica —el momento hipotético en que la inteligencia artificial superará a la humana—, aunque algunos, como Hayashi, creen que la tecnología ya está capacitada para hacernos sentir menos solos y más felices.

En fin...


Actualización a 05/11/2018: Vaya:
https://elpais.com/sociedad/2018/11/03/actualidad/1541280281_769686.html 

Actualización a 16/02/2020: Sobre los beneficios (para descansar, por ejemplo):
https://www.dur.ac.uk/news/newsitem/?itemno=28980 
https://www.bbc.co.uk/programmes/articles/4PqmlNXjJQwNDgBVXBzd0BL/the-rest-test 
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK453237/ 

Actualización a 10/06/2024: Más:

https://www.soledades.es/estudios/barometro-soledad-no-deseada-espana-2024 


https://www.fundaciononce.es/es/comunicacion/noticias/el-20-de-los-espanoles-se-sienten-solos-en-este-momento-y-el-135-sufren 

https://www.axa.es/documents/d/axa/nota-estudio-observatorio-soledad-2024 

Actualización a 03/01/2025: Rasgos de la gente que la busca:

https://geediting.com/amazing-qualities-of-people-who-like-to-be-alone-according-to-psychology/ 

Actualización a 20/05/2025: Más:

https://elpais.com/tecnologia/2025-05-19/ricard-sole-biologo-y-fisico-tal-vez-haya-que-redefinir-la-soledad.html 

Actualización a 11/02/2026: Más:

https://elpais.com/eps/2026-02-08/sobre-las-soledades.html 

Actualización a 22/03/2026: Cojonudo:

https://www.tsb.co.uk/news-releases/TSB-warns-over-cruel-spate-of-new-friendship-fraud-cases.html 

Actualización a 28/04/2026: Correcto:

https://elpais.com/icon/2026-04-28/el-terror-de-ir-solos-a-un-restaurante-al-cine-o-a-un-viaje-por-que-nos-cuesta-entrenar-el-musculo-de-la-soledad.html 

El terror de ir solos a comer, al cine o a un viaje: por qué nos cuesta entrenar “el músculo de la soledad”
-Enfrentarnos a la ausencia de compañía es, en plena era de la hiperconectividad, más conflictivo que antes: los expertos alertan de que quien la practica puede volverse egocéntrico, pero, quien la teme, un cobarde
Enrique Rey
Murcia - 28 ABR 2026 - 05:30 CEST

Hay una conversación que se repite desde hace años en foros como Reddit o Forocoches. Alguien tiene ganas de hacer algo —acudir a un concierto, empezar a practicar determinado deporte o probar la comida libanesa— pero no se decide porque no tiene quien lo acompañe. Entonces cuelga un post en el que pide consejo, porque teme acabar como un usuario que fue a una fiesta donde pinchaban su música favorita y terminó agobiado. Es un mensaje real: “Me siento fuera de lugar porque estoy solo y todo el mundo está con amigos. ¿Qué hago? No quiero parecer un bicho raro o dar mala espina. Creo que todo el mundo me está mirando”.

La soledad puede cronificarse hasta convertirse en un problema de salud mental, pero lo más habitual es que sea una experiencia cotidiana con la que no estamos del todo cómodos. De hecho, su estigma en la vida real es directamente proporcional a su prestigio como mito moderno. Por ejemplo, cuando hace algunos meses se hicieron virales unas imágenes, extraídas de un documental de Werner Herzog, donde se ve a un pingüino alejándose de su grupo, muchos las interpretaron como una escenificación de la heroica determinación que lleva a un individuo singular a alejarse de los suyos para abrazar su propio destino, por incierto que sea. Al fin y al cabo, ese relato es una de las bases del liberalismo y la escena recuerda a una de las frases más citadas de Ayn Rand: “No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres”. Eso sí, Rand desarrolló sus ideas en un par de novelas monumentales escritas tras huir de la represión del régimen soviético, mientras que algunos de sus epígonos contemporáneos comparten memes de pingüinos desde sus dormitorios.

En cualquier caso, la distancia que va del mito —fundamentalmente masculino y relacionado con otras tradiciones como la del genio creativo— a la preocupación cotidiana señala que la soledad deseada suele tener más éxito como fantasía que como práctica. Incluso quienes, por su trabajo, están acostumbrados a viajar solos, reconocen que puede resultar problemático. Por un lado, se encuentran problemas logísticos, como restaurantes que no admiten reserva para un comensal; por otro, deben desarrollar estrategias para soportar su propia compañía, es decir, para lidiar con su conciencia durante muchas horas. Algo que conduce al famoso pensamiento de Blaise Pascal: “Toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer solos en una habitación”. Si todos estamos de acuerdo en que la soledad no deseada es uno de los males de nuestro tiempo, ¿lo es también la incapacidad para lograr una soledad deseada y fértil? Y, si nos decidimos a salir de la habitación… ¿De verdad es tan preocupante encaminarnos hacia el cine o a la discoteca solos?

A solas con uno mismo
Actualizando la cita de Pascal, el escritor estadounidense David Foster Wallace comentó en una entrevista de 2003 que tenía “muchos amigos inteligentes” a los que nos les gustaba leer, no tanto porque les aburriese como porque “hay un pavor que surge de verse obligado a estar solo, callado y en silencio”. El filósofo Omar Linares, terapeuta y autor de La consulta del filósofo, confirma que “tenemos problemas a la hora de pensar la soledad, porque la concebimos desde el temor. Confundimos la soledad con el miedo a la misma, a pesar de haber experimentado situaciones en las que se mostró inocua. Proyectamos nuestros propios prejuicios y sesgos de pensamiento sobre la realidad, y nuestra sociedad se ha esmerado en enseñarnos que, si estamos solos, es porque no somos dignos de compañía, por lo que la soledad debe causar vergüenza. Sin embargo, todos hemos podido sentir plenitud en momentos de soledad; así como también aislamiento, desconexión y apatía en eventos sociales, con mucha compañía”, recuerda Linares.

Robert J. Coplan, psicólogo y profesor en la Universidad de Carleton, ha estudiado los beneficios de la soledad durante más de 30 años y está de acuerdo con que “subsiste un estigma social hacia la búsqueda deliberada de aislamiento”. “En múltiples culturas, el consumo individual en espacios públicos (como restaurantes o cines) se interpreta erróneamente como una carencia de redes de apoyo. Es necesario subvertir este paradigma. La autonomía para solicitar tiempo a solas debe normalizarse; la carencia de este espacio privado está relacionada con incrementos en los niveles de estrés, irritabilidad y sintomatología depresiva”, explica a ICON el también autor de El gozo de la soledad.

Coplan señala que la soledad puede entenderse tanto mediante el aislamiento estricto como a través de la percepción de separación (la famosa “soledad en medio de la multitud”) y propone que pensemos en ella como un estado fuera de escena: “un respiro de las exigencias y tensiones inherentes a la interacción social”. “La soledad es una necesidad humana fundamental, equiparable a la conexión social. Para individuos con altos rasgos de extroversión, esto resulta especialmente desafiante. Estudios experimentales indican que muchos sujetos prefieren estímulos aversivos (como descargas eléctricas) antes que enfrentarse a sus propios pensamientos sin distracciones. Sin embargo, no es necesario un aislamiento prolongado para obtener beneficios. Una exposición gradual también facilita una mayor estabilidad emocional”, insiste el psicólogo.

Entonces, ¿la soledad deliberada solo es un problema por su imagen social, o esconde alguna otra trampa? En su consulta, Linares se ha encontrado con aquellos que confiaron demasiado en el aislamiento —inspirados, quizá, por películas como Hacia rutas salvajes— como solución para problemas que requerían estrategias distintas: “Decidir desde el rechazo no suele ser una buena opción”, afirma. “Irse al campo solo porque me he cansado de la ciudad puede estar bien, ya que me permite conectar con la naturaleza, bajar el ritmo, respirar aire puro… pero no creo que pueda convertirse en algo sanador en sí mismo. He trabajado con personas que coqueteaban con la idea de irse a la cabaña de Thoureau para así dejar de sufrir esos impactos sociales, laborales y vitales que tantos les dañaban. Lo interesante es que también he trabajado con personas que ya habían protagonizado ese éxodo, vivían en la montaña, y llegaban sorprendidos por verse igualmente atormentados por las cuestiones personales que les hicieron escapar”, recuerda el filósofo.

Además, los pensamientos rumiantes (negativos, repetitivos y persistente sobre uno mismo y los demás) pueden convertirse en una tortura para quienes afrontan una actividad en solitario sin estar demasiado convencidos de lo que hacen (como aquel forero junto a la pista de baile). Efectivamente, Coplan confirma que “si la soledad se conceptualiza como un castigo, siguiendo el modelo punitivo del aislamiento carcelario o el correctivo infantil, se experimentará como tal”.

La vergüenza al hacer planes solo
El inglés dispone de dos palabras diferentes (solitude y loneliness) que sirven para distinguir entre la soledad deseada y la indeseable. Mientras que solitude alude a un estado de separación, a menudo elegido, que ofrece libertad; loneliness es un sentimiento doloroso derivado de una discrepancia entre las conexiones sociales deseadas y las reales (una especie de “soledad fallida”). Esperanza Gaona es una microbióloga que reconoce haber experimentado las dos. Su caso es significativo, porque, según cuenta, hace años le preocupaba no saber estar sola, mientras que a día de hoy —gracias a un proceso personal y a un aprendizaje resultado de sus obligaciones laborales— disfruta especialmente del “mayor espacio para la improvisación” y la paz que ofrecen los viajes en solitario.

“Antes intentaba tener chorrocientos planes con gente, para evitar sentirme una persona solitaria, algo que me llevaba a estar siempre muy cabreada e irascible”, relata. “Con el tiempo, comprendí que lo que me ponía así eran precisamente los millones de estímulos que buscaba constantemente por no saber estar sola. Aprendí a gestionarlo gracias a una terapeuta que me ponía ejercicios semanales: me decía que buscara dos días para estar en casa conmigo misma haciendo cualquier cosa, como leer, escribir o arreglar las plantas, pero con la condición de que fuera algo planificado. Al principio me costaba muchísimo y, más allá del aburrimiento, me generaba mucha ansiedad, pero a medida que pasó el tiempo fui evolucionando hasta llegar al punto actual, en el que me doy cuenta de que estar sola es algo que me hace falta y que realmente necesito”.

Hace años que Gaona tiene un trabajo que le exige pasar temporadas lejos de su ciudad, algo que ha acabado con muchos de sus viejos remilgos. “Al principio a mí también me daba vergüenza ir a restaurantes sola. Algo que les sigue sucediendo a las mujeres jóvenes que entran a trabajar en mi equipo, por más que si pasan tres o cuatro días fuera de casa, tienen que acostumbrarse a comer o cenar así. Y todavía hay cosas que me siguen dando vergüenza como irme de tapas y otros actos que se consideran algo más social. Salir de fiesta sola, que no lo he hecho, sigue pareciéndome una frontera”, indica.

Para superar este tipo de vergüenzas, Coplan asegura que lo mejor es “entrenar progresivamente el músculo de la soledad”, para lo que bastan 15 minutos diarios, eso sí, lejos de teléfonos y notificaciones. También es útil hacer un esfuerzo consciente por reorientar el pensamiento, ya que “la simple instrucción de dirigir el pensamiento hacia contenidos positivos durante el tiempo a solas altera significativamente la experiencia subjetiva”, afirma el psicólogo.

¿Más ensimismados o más preparados para los demás?
En novelas como Intemperie o Llévame a casa, el escritor Jesús Carrasco reflexionó sobre la soledad de personajes enfrentados a universos violentos e insatisfactorios. El aislamiento del “niño” o “muchacho” protagonista de la primera, o el de Juan, de la segunda, es una experiencia casi pura, que tiene lugar en las llanuras de Casilla y en un pueblo recóndito antes de la llegada de los teléfonos inteligentes: lugares donde no existían todas esas distracciones que amortiguan —o amplifican— la soledad urbana. “Esa soledad anterior al advenimiento de internet y sus mil estímulos, era una soledad que obligaba a cierto encuentro con uno mismo, a cierto pensamiento”, explica el propio Carrasco a ICON. “Ese pensamiento no tenía por qué ser necesariamente productivo, del mismo modo que la constante distracción o fragmentación contemporánea tampoco tiene por qué aniquilar la capacidad reflexiva. En mi opinión, la principal diferencia entre ese antes y este ahora no es tanto la relación con la soledad sino una cierta adicción generalizada a la renovación de los estímulos exteriores. Si no nos interrumpimos de manera regular, no estamos tranquilos, lo cual es, en sí mismo, una paradoja”, continúa el escritor.

Como ya estamos intuyendo, la soledad no es un fenómeno unívoco que pueda valorarse como positivo o negativo en su conjunto y, según Carrasco, “es absolutamente subjetiva y no depende del entorno: puedes sentirte solo un fin de año en Times Square y plenamente acompañado en medio de los Monegros”. Eso sí, el escritor también advierte de que a veces está relacionada con el individualismo: “La creencia de que yo puedo ser el actor y el artífice de todo lo que me suceda, también de mis progresos y mejoras. Solo te necesitas a ti mismo y a tu voluntad (de hierro) para triunfar, dice el típico creador de contenidos al tiempo que te vende, a precio de oro, su mentoría. Esa autonomía es una falacia. Tarde o temprano necesitamos al otro y si el otro es diferente a nosotros, más necesario. Todos los logros que nos han traído hasta aquí, también al creador de contenidos, son logros colectivos”.

Linares coincide. El filósofo relaciona ciertos discursos alrededor de la soledad deseada con “la tendencia actual sobre un autocuidado mal entendido, que invita a afirmar que deben priorizarse a sí mismas a personas que ya vivían en el egocentrismo más flagrante”, con resultados devastadores. Desde su experiencia, Gaona asume que “cuanto más tiempo vives sola más inflexible te vuelves, porque más acostumbrado estás a hacer siempre lo que te apetece”. 


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